sábado, 18 de febrero de 2012

My Mecha Brother: Capítulo 3

Arranqué de los brazos del amasijo de cartón reciclado un pequeño objeto de apenas unos cincuenta centímetros, que no percibí correctamente hasta colocarme las gafas que se habían desprendido de mi redonda cara al saltar.
Los vidrios graduados me mostraron una pequeña sorpresa, sostenía un pequeño robot metálico.
-¿Pero qué?-sorprendido por el descubrimiento se me escapó el robot y lo dejé caer.

El robot se quedó de pie debido a los grandes pies respecto a su corto y diminuto torso. Tenía unos engranajes oxidados en su espalda que conseguia girar con dificultad, sus brazos y piernas parecían cables de cobre muy flexibles pero lo suficientemente resistentes para soportar su peso. La cabeza rectangular y alargada, también de color cobrizo al igual que todo su cuerpo, mostraba dos bombillas rojas a modo de ojos aunque su foco derecho parecía no funcionar correctamente.

Una pequeña abertura en su cara se abría, y en ese instante soltó un ruido digital.
-¡SHHHRARSHHH!-el sonido recordaba a una radio cuando hacia su búsqueda para encontrar una emisora.
Con ese signo de funcionamiento, se apagó el foco izquierdo de su ojo y la estabilidad del robot se desvaneció.

 -¿Cómo habrá llegado esto aquí?-pensé y lo recogí entre mis brazos como si quisiera protegerlo de algo que pudiera hacerle daño.
-Debo hacerlo funcionar de nuevo-el misterio de aquel pequeño ser era la mejor distracción que podía tener en una casa vacía como la mía.
Cojí todas las herramientas posibles con una mano, mientras sujetaba al robot con la otra. Salí del garaje y ascendí por las escaleras hasta mi cuarto.

Mi habitación pequeña pero distribuida de una forma que le daba sensación de amplitud, estaba decorada con pósters de películas y de equipos de fútbol americano. La cama desordenada tenía apilada una montaña de revistas y libros que leía todas las tardes para transportarme a mundos que solo existían en la simbiosis de mi mente y el papel.
Era maravilloso viajar tanto sin moverme del lugar en donde vivía. En un instante afloraron mis últimas hazañas en la Edad Media, mi debate sobre el alma con Platón y Sócrates, y mi último punto obtenido en el partido más importante de la Super Bowl.

Como si una burbuja estallara, volví a mi cuarto y recordé al robot que estaba en mis manos. Armado con un destornillador, abrí la carcasa situada debajo de los engranajes de su espalda.
Un interruptor accionaba el mecanismo pero tenía un cable descubierto de su protección de goma y cortado. Uní el cable y lo reparé con cinta elástica, además cogí la bombilla del flexo de mi escritorio y se la puse en el ojo derecho fundido.

Fascinado por mi gran habilidad de reparación obtenida al ver a mi padre reparar cosas cuando yo era pequeño,  pulsé el interruptor. En ese instante se encendieron los focos de sus ojos y los engranajes empezaron a girar.
-¡Funciona!-grité.

El robot se puso en pie y me hizo una pequeña reverencia.
-¡Encantado, me llamo Adam!-me sentía extraño al hablar con alguien debido a mi timidez pero el pequeño robot me hacía sentir seguro-¿Me puedes entender?
-AFIRMATIVO...Adam-el robot tenía una peculiar voz como la emitida por teléfono por alguien con voz aguda.

Agradecido por la respuesta le pregunté-¿tienes un nombre?
-NEGATIVO-el robot me miraba muy fijamente.
Empecé a pensar sobre un nombre, y rápidamente se me ocurrió:¿Puedo llamarte Engranajes?
El robot con una voz más alterada e incluso me atrevería a decir emocionada dijo: -AFIRMATIVO, Engranajes encantado Adam.

Había logrado olvidar por un instante todo lo que me había pasado durante el último mes en el instituto gracias a Engranajes. Era perfecto.

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